¡Bárbaros! ¿Bárbaros? - Homenaje a Terry Pratchett

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El sol se alzó lentamente, como si no estuviera seguro de que el esfuerzo valiera la pena.
Amaneció otro día del Disco, pero muy gradualmente. La luz recorría lentamente las calles de la pestilente Morpork, entrando por cada ventana, cada rendija y cada agujero que encontraba. Entró en una tienda en particular, iluminando la única sala del piso. Era una pequeña tienda en donde el verde predominaba, a veces con alguna que otra flor de colores variados que empezaban a despertarse. Al contrario de la creencia generalizada, las flores duermen, sueñan y comen, y a veces algunas se ponían de mal color si se las despertaba demasiado temprano.

Pero aquel día era diferente…
La luz llegó hasta el mostrador de la floristería, dónde un pequeño anciano (literalmente pequeño) yacía tumbado, con cierto reparo a levantarse y con un persistente dolor de cabeza. Narciso se despertó poco a poco, miró a su alrededor y vió que todas las cosas estaban en su sitio, bueno... si contamos que estar en su sitio es estar en el suelo y desparramadas por allí... pero después de lo que, suponía, había pasado la noche anterior, se podría decir que ahora ese era su nuevo sitio.

Todo el mundo sabe que en Ankh-Morpork la violencia es casi como el saludo de bienvenida, pero aun así los atracos y robatorios continuos del gremio de bárbaros empezaban a ser un verdadero problema. A Narciso le incordiaba profundamente que algunas personas se creyeran lo suficientemente capaces como para entrar en tu tienda, dejarte inconsciente de cualquier manera que se les ocurriese e intentar robar todo lo valioso que tienes. Pero claro, estaba el asuntillo de sus queridas plantas carnívoras, y supongo que encontrarte con una planta carnívora delante de tus ojos te quita las ganas de intentar robar nada...

- Ojo, que tampoco se les puede culpar. Al fin y al cabo, son bárbaros ¿no? Se supone que lo llevan en la sangre o algo así - pensó el florista en voz alta mientras caminaba en medio de los restos de alguna maceta.
Aunque... ¿Robar en una floristería? Eso tampoco me parece ni medio normal.

Su vida no es que fuera muy entretenida la verdad, realmente a veces pensaba que tenía alguna vena de hobbit, aunque, bueno, es imposible porque los hobbits no existen en este universo... Narciso recordaba todas las historias que le contaba su abuelo sobre estos pequeños seres. “Si su Comarca fuera como esta ciudad” pensó, “seguro que en vez de parecer una villa de las que solo se ven en los cuentos, se parecería más a una máquina de esas donde hay un montón de agujeros y hay que aplastar al topo que va saliendo…” Aunque en su caso en vez de un topo sería un pequeño hobbit y las consecuencias podrían llegar a ser desagradables. Bueno, estaba el asunto de las plantas carnívoras. En sus inicios, la floristería empezó siendo una floristería más del gremio, con lirios, rosas y demás. Pero nadie puede ser el mejor si no innova, así que Narciso Espinoso, hijo de foristas y florista por vocación, decidió innovar y pasar de ser una floristería normal a una floristería especializada en plantas carnívoras. Compró varias de las especies más raras del Disco para venderlas en su tienda, y además colgó un precioso cartel con unas letras sinuosas que anunciaban: 

cartel floristeria narciso


Incluso hizo que un mago le pusiera luz al cartel, y dió resultado: Cada día tenía más compradores… Y al cabo de una semana cada vez tenía más devoluciones. La gente volvía con mordidas en los brazos y alguna con solo media oreja… Narciso no podía entenderlo.

-¡Son carnívoras! Quieren carne, no es culpa mía si su oreja parecía un suculento solomillo, señora Crawford.

Y así una y otra vez. ¿Qué esperaban, que comieran moscas?

 - Igual que usted no se comería un bicho, no creo que un plato de moscas sasisfazca las papilas gustativas de su Carnivurus Primatelus, señor Kenny.

Pero la gente no lo entendía y devolvían las pobres plantas, las abandonaban. Y lo que es peor, ¡los malditos clientes pedían que se les devolviera el dinero!
Narciso decidió que la gente no podía comprender a las pobres plantitas (que monas ellas, con sus dientecitos, cuando intentaban arrancarte la nariz). Pero claro, no podía abandonar a sus plantas, así que decidió cuidarlas el mismo, y, además, vender algún que otro lirio ya que, según el jefe del gremio, “¡¡La gente quiere flores que no se los quieran comer como cena!!”. Así que ahora en el cartel ponía:

cartel-narciso

Ahora ese cartel yacía en el suelo junto a un líquido que, por el color, decidió Narciso, era mejor no pisar. La tienda seguía patas arriba y el florista se acordaba de poco después del porrazo en la cabeza. Lo único que podía hacer para saber qué había pasado después de que lo dejaran inconsciente la noche anterior era preguntarle a Dos Flores, una planta carnívora macho ya anciana que daba la casualidad que también era el mejor amigo de Narciso. Le puso ese nombre en honor al primer "turista” del Disco... aunque en un principio no sabían ni lo que era un turista.

- Bueno Dos Flores ¿Te han hecho algo esos bárbaros? - Le dijo a su planta carnívora con falta de dientes porque con la edad la habían abandonado.

- No, no ha pazado nada, dealmende todo ha zido muy danquilo, mucho maz danquilo que de cosdumbe...  La vedad ez que yo zolo quedía hablad con elloz, pedo creo que ze han azuztado de mi nuevo look...
- Ya te dije que ese peluquero extraño del gremio de peluqueros, pero experto en peinados planteriles no era de fiar.
- Ya... pedo ya eztaba canzada de tanta agua pandano olor a pino... Pod ziedto, esos bádbados ze han dejado ezto...
- Un grimorio? Qué extraño... - Y lo era, vaya si era extraño. Los bárbaros no es que suelan llevar muchos libros encima... de hecho se puede estar muy seguro que pocos saben lo que son, puede que crean que son criaturas salvajes o algo por el estilo.

Narciso se fijó un poco más en ese grimorio. ¡No todos los días se tiene uno en tus propias manos!! Es bien sabido que los jardineros, así como los herreros y los apicultores, están más cerca de la magia. La gente normal los trata con respeto porqué ellos saben más. Por esa misma razón pudo notar el extraño poder que emanaba del grimorio, y no pudo evitar fijarse en las palabras que habían escritas en su lomo. 

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¡¡No puede ser!! ¡Este libro pertenece a la biblioteca de ese lugar donde están los magos!! Pero... ¿Qué significaba aquello? ¿Qué los bárbaros se habían atrevido a robar en la Biblioteca de la Universidad Invisible? ¿¿La misma que, según se contaba en las tabernas de la ciudad, estaba custodiada por un monstruo* terrible??... ¡¡Imposible!! Entonces, ¿habían sido los magos??¿¿Intentando robar como si fueran simples bárbaros?? Esto cada vez es más raro… Personalmente me cuesta imaginarme una panda de viejos vestidos con vestiditos con estrellas bordadas corriendo y atracando una simple floristería.
Fuera lo que fuese, tenía en sus manos un libro de hechicería, y eso significaba problemas...

En realidad, el monstruo no era otro que el bibliotecario, un orangután que cuidaba cariñosamente de todos los libros de la Biblioteca. No nació orangután, pero tras un accidente mágico se convirtió en un enorme homínido. Había pasado ya tanto tiempo que la mayoría de magos de la Universidad Invisible, curiosamente ya no se acordaban de su forma humana.

En la otra punta de la ciudad un mago notaba que algo le faltaba en la túnica y no, no era precisamente su cartera…. Aunque espera... eso tampoco estaba en su sitio…

Volvió a mirarse en el escaparate de la tienda que tenía delante.... ¿Por qué se había metido en todo ese lío otra vez? Ahora que ya nadie le perseguía, ni querían matarlo, ni lo buscaban a cualquier precio y sobretodo no tenía que huir de nadie, aunque había mantentenido los ojos abiertos porque, oye, nunca se sabe.

Rincewind caminaba, o, mejor dicho, se apresuraba hacía la salida de la ciudad. Le seguían de cerca el sonido de miles de patitas pisando la calle i los gritos ahogados de sus conciudadanos al tener que apartarse para no terminar siendo atropellado por el Equipaje. La gente de Anhk-Morpork ya conocía a Rincewind y su curioso Equipaje. En su momento muchos intentaron robar la caja, pero solo unos pocos sobrevivieron… Y los que sobrevivieron se mudaron rápidamente a otra ciudad, con otro nombre e incluso otra cara, por si al Equipaje se le cruzaban los cables y quería vengarse. Se podría decir que la caja tenía muy mala leche y era condenadamente glotona. Y no comía bichos que digamos...

Gracias a ese baúl mágico, el mago se había librado de muchas situaciones comprometidas y de muchas, muchísimas experiencias demasiado cercanas a la muerte para gusto de Rincewind. Pero esta vez había metido la pata de verdad y ni el Equipaje podría salvarlo.

De ahí que ahora estuviera intentando huir lo más lejos y rápido posible, dirección Eje. Lo había perdido… Había perdido el condenado grimorio… y como no desapareciera rápido también perdería el cuello. No es que fuera su parte favorita del cuerpo, pero tampoco le tenía tan poco aprecio como para dejar que se lo rebanaran a hachazos.



Bueeeno, espero como siempre que os haya gustado el post y que en esta ocasión hayáis disfrutado de este  homenaje que he querido hacer a uno de mis escritores preferidos, Terry Pratchett.

Pero antes de irme... ¿Cómo creéis que puede continuar esta historia?

Chauu!! 

Peli Bloguista

Bloguista, bloguero, blogger como lo quieras decir... Creador de mundos donde sentirme libre. Recuerda que solo vivimo en una realidad de las miles que hay... los elfos, dragones, y todo lo que podamos imaginar realmente existen. Solo que en otra realidad.

2 comentarios:

  1. ¡Qué grande que es Pratchett y qué buen homenaje le has hecho!

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    1. ¡Hola Carmelo! Terry era un crack!! Lástima que pasó lo que pasó... pero bueno, siempre nos quedaran sus historias ¿No? ¡Gracias por tu comentario!

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